Enfoque Directo

Femicidio

728×90 – Abajo del titulo – Articulo individual

ORTIZ FUE CONDENADO BAJO LA FIGURA DE HOMICIDIO Y NO DE FEMICIDIO PORQUE NO FUE PEDIDO POR EL FISCAL. EN ESTE SENTIDO HABRÁ QUE REVISAR QUE HIZO FALTA UNA PERSPECTIVA QUE HAYA SITUADO EL CASO EN UNA ESTRUCTURA SOCIAL DE VIOLENCIA DE GÉNERO. LA JUSTICIA DIO UNA RESPUESTA Y RESTA SEGUIR EN LA CONSTRUCCIÓN DE UNA SOCIEDAD MÁS IGUALITARIA PORQUE LA VIOLENCIA DE GÉNERO ES PROBLEMA DE TODOS Y TODAS Y ESO INCLUYE AL ESTADO TAMBIÉN.

El Tribunal de la Cámara Tercera escribió para la historia de la jurisprudencia riojana un fallo histórico por al que condenó al ex policía Pedro Ortiz a reclusión perpetua por el homicidio de la joven Romina Ríos. El fallo no contempló la figura del femicidio. Romina, había llegado a la capital riojana para comenzar sus estudios terciarios en febrero en 2015.

Recibió un tiro de un joven policía, que luego de verla tirada, en lugar de pedir primeros auxilios determinó llevarla a un campo y tirarla y luego siguió su vida normal. Después volvió al campo y la quemó. No intentan estas palabras activar el morbo, es una descripción sobre una conducta machista que terminó con la vida de una mujer, nada más y nada menos. En el relato de Ortiz, durante el juicio, pudo advertirse como intentó desmerecer no solo a Romina, con quien mantenía una relación, sino también a su madre al decir, en el caso de la joven, que “andaba con varios”, condición que la ubicaba en una condición inferior de mujer. Buscó esconder el crimen según lo determinado por la Justicia.

Para los jueces el único calificativo para el imputado, era el de haber matado a una persona con la que mantuvo una relación amorosa y descartó el agravante de “funcionario público” porque que para el Tribunal “el imputado no utilizó su cargo para aprovecharse de la víctima”, como así tampoco dieron lugar al pedido de la Fiscalía de agregar la figura de “alevosía”, argumentando que “no se llegó a comprobar en ningún momento que la víctima estaba viva al momento en que fue prendida fuego por Ortiz” .

El 14 de noviembre del 2012 la Cámara de Diputados sancionó la ley 26.791 que prevé ciertas reformas al Código Penal. Tras dicha reforma se incorporó el femicidio en el cuerpo normativo, como figura agravada del delito de homicidio simple.
La reforma introdujo la modificación y ampliación del inciso 1º del artículo 80 del Código Penal que prevé una pena de reclusión o prisión perpetua, para quien matare a su “ascendiente, descendiente, cónyuge o a la persona con quien mantiene o ha mantenido una relación de pareja, mediare o no violencia”. Se incorporó la motivación por odio “de género, o a la orientación sexual, identidad de género o a su expresión”.
También se agregaron los incisos 11º y 12º al artículo 80. El primero de ellos define concretamente la figura del femicidio que consiste en el crimen de una mujer como consecuencia de la violencia de género. Las penas previstas para este tipo de delito es la de reclusión o prisión perpetua para quien matare a “una mujer cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género”. Por su parte, también se contempla la misma pena para la situación planteada en el nuevo inciso 12º que prevé el caso del que matare a otro “con el propósito de causar sufrimiento a una persona con la que se mantiene o ha mantenido una relación en los términos del inciso 1º”.
También elimina la posibilidad de que se evalúe la existencia de circunstancias extraordinarias de atenuación de la pena “a quien en una ocasión anterior hubiera realizado actos de violencia contra la mujer víctima”.
El punto de análisis que queda es dejar en claro que Ortiz fue condenado bajo la figura de homicidio y no de femicidio porque no fue pedido por el fiscal.

El Tribunal de la Cámara Tercera escribió para la historia de la jurisprudencia riojana un fallo histórico por al que condenó al ex policía Pedro Ortiz a reclusión perpetua por el homicidio de la joven Romina Ríos. El fallo no contempló la figura del femicidio. Romina, había llegado a la capital riojana para comenzar sus estudios terciarios en febrero en 2015.
Recibió un tiro de un joven policía, que luego de verla tirada, en lugar de pedir primeros auxilios determinó llevarla a un campo y tirarla y luego siguió su vida normal. Después volvió al campo y la quemó. No intentan estas palabras activar el morbo, es una descripción sobre una conducta machista que terminó con la vida de una mujer, nada más y nada menos. En el relato de Ortiz, durante el juicio, pudo advertirse como intentó desmerecer no solo a Romina, con quien mantenía una relación, sino también a su madre al decir, en el caso de la joven, que “andaba con varios”, condición que la ubicaba en una condición inferior de mujer. Buscó esconder el crimen según lo determinado por la Justicia.
Para los jueces el único calificativo para el imputado, era el de haber matado a una persona con la que mantuvo una relación amorosa y descartó el agravante de “funcionario público” porque que para el Tribunal “el imputado no utilizó su cargo para aprovecharse de la víctima”, como así tampoco dieron lugar al pedido de la Fiscalía de agregar la figura de “alevosía”, argumentando que “no se llegó a comprobar en ningún momento que la víctima estaba viva al momento en que fue prendida fuego por Ortiz” .
El 14 de noviembre del 2012 la Cámara de Diputados sancionó la ley 26.791 que prevé ciertas reformas al Código Penal. Tras dicha reforma se incorporó el femicidio en el cuerpo normativo, como figura agravada del delito de homicidio simple.
La reforma introdujo la modificación y ampliación del inciso 1º del artículo 80 del Código Penal que prevé una pena de reclusión o prisión perpetua, para quien matare a su “ascendiente, descendiente, cónyuge o a la persona con quien mantiene o ha mantenido una relación de pareja, mediare o no violencia”. Se incorporó la motivación por odio “de género, o a la orientación sexual, identidad de género o a su expresión”.
También se agregaron los incisos 11º y 12º al artículo 80. El primero de ellos define concretamente la figura del femicidio que consiste en el crimen de una mujer como consecuencia de la violencia de género. Las penas previstas para este tipo de delito es la de reclusión o prisión perpetua para quien matare a “una mujer cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género”. Por su parte, también se contempla la misma pena para la situación planteada en el nuevo inciso 12º que prevé el caso del que matare a otro “con el propósito de causar sufrimiento a una persona con la que se mantiene o ha mantenido una relación en los términos del inciso 1º”.
También elimina la posibilidad de que se evalúe la existencia de circunstancias extraordinarias de atenuación de la pena “a quien en una ocasión anterior hubiera realizado actos de violencia contra la mujer víctima”.
El punto de análisis que queda es dejar en claro que Ortiz fue condenado bajo la figura de homicidio y no de femicidio porque no fue pedido por el fiscal.
En este sentido habrá que revisar que hizo falta una perspectiva que haya situado el caso en una estructura social de violencia de género. Es decir, una mujer fue muerte por el solo hecho de ser mujer. Es necesario seguir trabajando en forma transversal en cada uno de los eslabones sociales y además en la estructura estatal para que no se subestime la gravedad de la problemática que termina con la vida de muchas mujeres, que rompe familias y deja niños sin madres. No son hechos aislados que en el mejor de los casos termina con un fallo ejemplar.
La Justicia dio una respuesta y resta seguir en la construcción de una sociedad más igualitaria porque la violencia de género es problema de todos y todas y eso incluye al Estado también.El Tribunal de la Cámara Tercera escribió para la historia de la jurisprudencia riojana un fallo histórico por al que condenó al ex policía Pedro Ortiz a reclusión perpetua por el homicidio de la joven Romina Ríos. El fallo no contempló la figura del femicidio. Romina, había llegado a la capital riojana para comenzar sus estudios terciarios en febrero en 2015.
Recibió un tiro de un joven policía, que luego de verla tirada, en lugar de pedir primeros auxilios determinó llevarla a un campo y tirarla y luego siguió su vida normal. Después volvió al campo y la quemó. No intentan estas palabras activar el morbo, es una descripción sobre una conducta machista que terminó con la vida de una mujer, nada más y nada menos. En el relato de Ortiz, durante el juicio, pudo advertirse como intentó desmerecer no solo a Romina, con quien mantenía una relación, sino también a su madre al decir, en el caso de la joven, que “andaba con varios”, condición que la ubicaba en una condición inferior de mujer. Buscó esconder el crimen según lo determinado por la Justicia.
Para los jueces el único calificativo para el imputado, era el de haber matado a una persona con la que mantuvo una relación amorosa y descartó el agravante de “funcionario público” porque que para el Tribunal “el imputado no utilizó su cargo para aprovecharse de la víctima”, como así tampoco dieron lugar al pedido de la Fiscalía de agregar la figura de “alevosía”, argumentando que “no se llegó a comprobar en ningún momento que la víctima estaba viva al momento en que fue prendida fuego por Ortiz” .
El 14 de noviembre del 2012 la Cámara de Diputados sancionó la ley 26.791 que prevé ciertas reformas al Código Penal. Tras dicha reforma se incorporó el femicidio en el cuerpo normativo, como figura agravada del delito de homicidio simple.
La reforma introdujo la modificación y ampliación del inciso 1º del artículo 80 del Código Penal que prevé una pena de reclusión o prisión perpetua, para quien matare a su “ascendiente, descendiente, cónyuge o a la persona con quien mantiene o ha mantenido una relación de pareja, mediare o no violencia”. Se incorporó la motivación por odio “de género, o a la orientación sexual, identidad de género o a su expresión”.
También se agregaron los incisos 11º y 12º al artículo 80. El primero de ellos define concretamente la figura del femicidio que consiste en el crimen de una mujer como consecuencia de la violencia de género. Las penas previstas para este tipo de delito es la de reclusión o prisión perpetua para quien matare a “una mujer cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género”. Por su parte, también se contempla la misma pena para la situación planteada en el nuevo inciso 12º que prevé el caso del que matare a otro “con el propósito de causar sufrimiento a una persona con la que se mantiene o ha mantenido una relación en los términos del inciso 1º”.
También elimina la posibilidad de que se evalúe la existencia de circunstancias extraordinarias de atenuación de la pena “a quien en una ocasión anterior hubiera realizado actos de violencia contra la mujer víctima”.
El punto de análisis que queda es dejar en claro que Ortiz fue condenado bajo la figura de homicidio y no de femicidio porque no fue pedido por el fiscal.
En este sentido habrá que revisar que hizo falta una perspectiva que haya situado el caso en una estructura social de violencia de género. Es decir, una mujer fue muerte por el solo hecho de ser mujer. Es necesario seguir trabajando en forma transversal en cada uno de los eslabones sociales y además en la estructura estatal para que no se subestime la gravedad de la problemática que termina con la vida de muchas mujeres, que rompe familias y deja niños sin madres. No son hechos aislados que en el mejor de los casos termina con un fallo ejemplar.
La Justicia dio una respuesta y resta seguir en la construcción de una sociedad más igualitaria porque la violencia de género es problema de todos y todas y eso incluye al Estado también. El Tribunal de la Cámara Tercera escribió para la historia de la jurisprudencia riojana un fallo histórico por al que condenó al ex policía Pedro Ortiz a reclusión perpetua por el homicidio de la joven Romina Ríos. El fallo no contempló la figura del femicidio. Romina, había llegado a la capital riojana para comenzar sus estudios terciarios en febrero en 2015.
Recibió un tiro de un joven policía, que luego de verla tirada, en lugar de pedir primeros auxilios determinó llevarla a un campo y tirarla y luego siguió su vida normal. Después volvió al campo y la quemó. No intentan estas palabras activar el morbo, es una descripción sobre una conducta machista que terminó con la vida de una mujer, nada más y nada menos. En el relato de Ortiz, durante el juicio, pudo advertirse como intentó desmerecer no solo a Romina, con quien mantenía una relación, sino también a su madre al decir, en el caso de la joven, que “andaba con varios”, condición que la ubicaba en una condición inferior de mujer. Buscó esconder el crimen según lo determinado por la Justicia.
Para los jueces el único calificativo para el imputado, era el de haber matado a una persona con la que mantuvo una relación amorosa y descartó el agravante de “funcionario público” porque que para el Tribunal “el imputado no utilizó su cargo para aprovecharse de la víctima”, como así tampoco dieron lugar al pedido de la Fiscalía de agregar la figura de “alevosía”, argumentando que “no se llegó a comprobar en ningún momento que la víctima estaba viva al momento en que fue prendida fuego por Ortiz” .
El 14 de noviembre del 2012 la Cámara de Diputados sancionó la ley 26.791 que prevé ciertas reformas al Código Penal. Tras dicha reforma se incorporó el femicidio en el cuerpo normativo, como figura agravada del delito de homicidio simple.
La reforma introdujo la modificación y ampliación del inciso 1º del artículo 80 del Código Penal que prevé una pena de reclusión o prisión perpetua, para quien matare a su “ascendiente, descendiente, cónyuge o a la persona con quien mantiene o ha mantenido una relación de pareja, mediare o no violencia”. Se incorporó la motivación por odio “de género, o a la orientación sexual, identidad de género o a su expresión”.
También se agregaron los incisos 11º y 12º al artículo 80. El primero de ellos define concretamente la figura del femicidio que consiste en el crimen de una mujer como consecuencia de la violencia de género. Las penas previstas para este tipo de delito es la de reclusión o prisión perpetua para quien matare a “una mujer cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género”. Por su parte, también se contempla la misma pena para la situación planteada en el nuevo inciso 12º que prevé el caso del que matare a otro “con el propósito de causar sufrimiento a una persona con la que se mantiene o ha mantenido una relación en los términos del inciso 1º”.
También elimina la posibilidad de que se evalúe la existencia de circunstancias extraordinarias de atenuación de la pena “a quien en una ocasión anterior hubiera realizado actos de violencia contra la mujer víctima”.

El punto de análisis que queda es dejar en claro que Ortiz fue condenado bajo la figura de homicidio y no de femicidio porque no fue pedido por el fiscal. En este sentido habrá que revisar que hizo falta una perspectiva que haya situado el caso en una estructura social de violencia de género. Es decir, una mujer fue muerte por el solo hecho de ser mujer. Es necesario seguir trabajando en forma transversal en cada uno de los eslabones sociales y además en la estructura estatal para que no se subestime la gravedad de la problemática que termina con la vida de muchas mujeres, que rompe familias y deja niños sin madres. No son hechos aislados que en el mejor de los casos termina con un fallo ejemplar.

La Justicia dio una respuesta y resta seguir en la construcción de una sociedad más igualitaria porque la violencia de género es problema de todos y todas y eso incluye al Estado también.

728×90 – Debajo del la nota – Articulo individual

Síguenos en las redes

370×300 – Publicidad general 1